miércoles, 26 de octubre de 2011

Gran Concierto Evangelizador


Viernes, 09 de diciembre de 17:30 a 20:00 en el Templo de San Charbel, Av. Leyes de Reforma S/N Col. Santa Elena Frente a la Col. Acuario 2001, en H. Matamoros, Tam.

Estará la BANDA METANOIA Y CECILIA HURTADO, el Concierto es a beneficio de la Pro-Construcción del Templo de San Charbel, el costo del boleto es de 50 pesos, los estudiantes tienen precio especial presentando su credencial de estudiante, al adquirir su boleto y los niños menores de 10 años entran gratis acompañados de un adulto. mas informes en la oficina de la Parroquia de San Jose Obrero y al Tel. 8165702.

martes, 25 de octubre de 2011

¿Nos vuelve tontos Internet?

Chiara Giovannini

McLuhan afirmaba que los “medios eléctricos” del siglo XX - teléfono, radio, cine, televisión estaban marcando el fin de la tiranía del texto sobre nuestros pensamientos y sentidos. Su libro “Los instrumentos de la comunicación” fue tan debatido como poco leído. Según él, cualquier contenido vehiculado por un medio tiene mucha menos influencia que el medio mismo sobre nuestro modo de pensar.

En su libro “Internet ¿nos vuelve estúpidos?” Nicholas Carr sostiene con fuerza que “los medios no son simples canales de información. No sólo proveen de material al pensamiento, sino que modelan también el proceso del pensar”. (p.20).

En 2008 la nGenera, una pequeña compañía de consultoría e investigación, realizó un estudio para verificar los efectos de Internet sobre los jóvenes. La compañía entrevistó cerca de 6.000 miembros de la que se llama Generación Net, o sea, chicos y chicas que han crecido usando la Red. “La inmersión digital -escribía el jefe de los investigadores- ha alterado también el modo como se asimila la información. Los jóvenes ya no leen necesariamente una página de izquierda a derecha y de arriba abajo. Más bien saltan de aquí allá, recorriendo superficialmente el texto, a la búsqueda de informaciones de su interés.”. (D. Tapscott, “How to teach and manage Generation Net, in Businessweek Online, 30 November 2008.

Katerine Hayles, docente en la Duke University, confesaba en una conferencia reciente durante un encuentro de la Phi Beta Kappa, cofradía universitaria americana fundada en 1776: “Ya no logro hacer que mis estudiantes lean libros enteros”. Lo que sostiene Nicholas Carr es que la mente lineal, dúctil y penetrante, llena de imaginación, que nos ha acompañado desde hace cinco siglos, puede modificarse también desde el punto de vista neurológico con un uso desatinado de la web. Durante el siglo XX, neurocientíficos y psicólogos se dieron cuenta de la extraordinaria complejidad del cerebro humano. Descubrieron que en nuestro cráneo hay cerca de 100 mil millones de neuronas que toman formas distintas y varían en longitud. Millones de billones de contactos, llamados sinapsis, unen las neuronas en nuestra cabeza en una densa red de circuitos que, en formas aún desconocidas, dan origen a lo que somos, a lo que sentimos y pensamos. A pesar de las controversias, la recién descubierta plasticidad del cerebro se debe al joven científico Merzenich, que fue el primero en asegurar que nuestras neuronas pueden romper viejas conexiones y formar nuevas. Según Olds, profesor de Neurociencia y director del Krasnow Institute for Advanced Study alla George Mason University, “el cerebro tiene la capacidad de reprogramarse al vuelo, cambiando el modo de funcionar. Cada vez que realizamos una acción, se activa un conjunto de neuronas, intercambiando informaciones precisas. La repetición de la experiencia refuerza los vínculos entre esas neuronas”.

“Las células que se activan juntas, quedan ligadas entre sí”: esto se conoce como regla de Hebb. Doidge, en su libro “El cerebro infinito” observa que “a pesar de su amplia flexibilidad mental, el cerebro puede encerrarnos en comportamientos muy rígidos”. (N. Doidge, “El cerebro infinito. En la frontera de la neurociencia: historias de personas que han cambiado su propio cerebro”). Pero plástico no quiere decir elástico. Las malas costumbres pueden radicarse en nuestras neuronas con la misma facilidad que las buenas. “Si dejamos de ejercitar nuestras facultades mentales, no sólo las olvidamos”, escribe Doidge. “La parte del mapa cerebral para esas funciones es ocupada por aquellas otras que seguimos practicando”.

Una página de texto online vista en la pantalla de un computer puede parecer similar a la de un texto impreso. Pero varias investigaciones han mostrado que el acto cognitivo de la lectura no estimula sólo el sentido de la vista sino también el del tacto. El paso del papel a la pantalla no cambia únicamente el modo como nos orientamos en un texto bien escrito. Incide también sobre el grado de atención que le dedicamos. Los links alteran nuestra percepción. Nos animan a entrar y salir del texto, en vez de dedicarle toda nuestra atención a un solo estímulo. Las investigaciones sobre los motores de búsqueda llevan a la fragmentación de las obras on line, nuestro afecto por un texto específico se hace más tenue, y compañías como Google y Microsoft perfeccionan sus motores de búsqueda para video y audio, con lo cual cada vez son más los productos que sufren la fragmentación que afrontan los textos escritos. La red despieza el contenido e interrumpe la concentración. Los cambios en la lectura provocarán análogas transformaciones en la escritura. Un ejemplo extraordinario de esto se ha dado ya en Japón. En 2001 algunas chicas comenzaron a componer historietas con mensajes de texto (SMS de celulares) y a subirlos a la web Maho-noirando, donde se podían leer y comentar. Esos cuentos se ampliaron en novelas para teléfono celular y se publicaron por entregas. Actualmente son best seller en las librerías japonesas. Así pues, a la luz de todo esto puede afirmarse que McLuhan tenía razón cuando decía: “Un nuevo medio no es nunca un añadido al anterior, y no deja a éste en paz. No deja nunca de oprimir a los medios anteriores hasta que no encuentra para ellos formas y posiciones nuevas”.



domingo, 16 de octubre de 2011

Comunicadores según San Pablo

Walter Moschetti (OCLACC)

Hay una realidad que nos identifica: somos cristianos. Desde esta experiencia de fe ejercemos nuestra tarea de comunicadores, partícipes de la tarea evangelizadora de la Iglesia.

A la luz de la figura de San Pablo, el apóstol-comunicador, de quien estamos celebrando el bimilenario de su nacimiento, veremos nuestra misión y reflexionaremos sobre ella para ser fieles a nuestra vocación.
La vida cristiana comienza con una experiencia de encuentro. En el camino de la vida y en nuestra propia historia personal, Dios se hace presente, invitando, seduciendo, comprometiendo...

La conversión de Pablo que nos narran los Hechos (9,1-19) muestra la realidad transformante de una experiencia que cambiará radicalmente la vida de Saulo de Tarso, perseguidor de los cristianos, para convertirlo en el Apóstol de los Gentiles. La ceguera en la cual se encontraba vio brillar, por la fe, una nueva luz.

Jesús lo llamó a participar de su misión. Pablo mismo reconocerá ésta misión como una vocación: "...elegido para anunciar la Buena Noticia" (Rom 1,1).

También nosotros nos sentimos urgidos por el mandato del Señor: "Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación" (Mc. 16,15). Y para cumplir esta orden contamos con más medios que con los que contó Pablo. Hoy las cartas, la predicación, los viajes -métodos usados por el Apósotol para evangelizar- se nos hacen fáciles, rápidos, atractivos e influyentes a través del uso de los poderosos medios de la comunicación social, y hemos recibido dones, talentos, aptitudes que nos capacitan para acercar al hombre de hoy el mensaje de Jesucristo con el lenguaje y los medios modernos con los que nos comunicamos en la actualidad. Son dones que el Espíritu Santo distribuye, según nos los enseñó el Apóstol: "El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro la ciencia para enseñar. A éste el don de curar, a uno el don de la profecía, a otro el don de lenguas..." (cfr. 1 Cor 12, 8ss). Sin olvidar claro está, que el don más precioso al que debemos aspirar es el don del amor...porque sin amor no soy nada. (cfr. 1 Cor 13).

De nuestro singular modo de comunicar dependerá de que la palabra proclamada, escrita o proyectada pueda tener cabida en el corazón del hombre. Nuestro lenguaje directo, claro, dinámico, adaptado al auditorio o audiencia, hará accesible el mensaje del Señor a aquellos a quienes se los comuniquemos.
Claramente dice San Pablo: "Si yo fuera a verlos y les hablara con un lenguaje incomprensible, ¿de qué les serviría si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza? Sucedería lo mismo que con los instrumentos de música, por ejemplo la flauta o la cítara. Si las notas no suenan distintamente, nadie reconoce lo que se está ejecutando. Y si la trompeta emite un sonido confuso, ¿quién se lanzará al combate?. Así les pasa a ustedes: si no hablan de manera inteligible, ¿cómo se comprenderá lo que dicen? Estarían hablando en vano. Si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí" (1 Cor 14,6-11).

Hemos recibido un mandato. Nuestro apostolado es una vocación. Fuimos llamados por Jesús, y la Iglesia nos envía con esta misión. Sintamos hoy en lo profundo del corazón que hemos sido elegidos y capacitados para realizar esta tarea. La Iglesia confirma esta elección divina, alentándonos y dándonos el lugar que tenemos, para que difundamos con dignidad y competencia la Palabra de Dios a través de aquello que escribimos, decimos o mostramos.

Nuestra difícil, comprometida y apasionante misión nos exige un conocimiento acabado de la realidad a la que hemos de anunciar el Evangelio, a la que hemos de impregnar con los valores evangélicos. Nuestra cambiante cultura nos exige estar al tanto de las situaciones que se presentan para dar respuesta desde nuestra fe. No podemos pues vivir un espiritualismo que nos aísle, sino que, con el corazón firme en el Señor hemos de caminar con firmeza las realidades del mundo, con juicio crítico y capacidad de comprensión, tolerancia y diálogo.

Este es el celo apostólico que impulsó la misión de Pablo: "Siendo libre me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Me hice judío con los judíos para ganar a los judíos; me sometí a la Ley a fin de ganar a los que están sometidos a la Ley. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo con todos, para ganar al menos a algunos, a cualquier precio" (1 Cor 9, 19-22).

Por ser tan importante nuestra tarea -misión recibida del Señor e impulsada por la Iglesia- no p
odemos comunicar de cualquier manera. Debemos apuntar a la excelencia en la comunicación católica. Nuestro estilo de comunicar debería ser modélico. Allí mostraremos la dignidad y riqueza de la Palabra de Dios.
"Trata de ser un modelo para que los creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida. No malogres el don espiritual que hay en ti. Vigila tu conducta y tu doctrina. Si obras así, te salvarás a ti mismo y salvarás a los que te escuchen" (cfr. 1 Tim 4,12-16).

Por eso hemos de buscar cada día capacitarnos para utilizar debidamente la palabra, la escritura, la imagen e incluso las nuevas tecnologías. El comunicador católico debe estar capacitado técnicamente para esta tarea que le exige una constante creatividad puesta al servicio del Reino. Debemos generar ideas originales, entretenidas, capaces de llegar al corazón de nuestro interlocutor y transformar su vida con el poder vivificador del Evangelio. Los más jóvenes deben buscar alcanzar una preparación terciaria o universitaria en este campo. Nos faltan profesionales consagrados a vivir este apostolado con convicción, coherencia y calidad profesional. Nos falta muchas veces la necesaria astucia de la que hablaba Jesús desafiándonos a la evangelización.

Claro que no basta la preparación técnica. No sólo hay que adquirir un buen lenguaje, tener una buena voz, escribir correctamente o mostrarse de forma adecuada en los medios audiovisuales. Hay que tener algo que decir. De allí que sea tan importante la formación doctrinal. Y esta es una formación permanente. Hoy día no basta haber hecho un curso bíblico, o un seminario de catequesis, ni siquiera ser profesor de teología...Cada día debemos leer, estudiar, investigar, para "dar razones de nuestra fe", como nos dice San Pablo. Debemos fundamentar la verdad que proclamamos. La Iglesia en su larga tradición magisterial tiene elaborados infinidad de documentos que argumentan sus dogmas y su moral. Nosotros debemos ir siempre a esas fuentes. No podemos ser "opinólogos" -como tantos presentes en los medios-. Cada tema que tratamos debe ser tratado con responsabilidad, pues estamos comprometidos con la Verdad.

Al ejercer nuestra tarea, estamos poniendo sobre el candelero nuestra luz, la luz de Jesús. Son nuestras buenas obras las que deben alumbrar para que los hombres al vernos actuar puedan creer, -como nos ha enseñado el mismo Jesús-. Pero qué difícil es estar tan expuesto en un medio de comunicación, transformado hoy en vidriera del mundo, sin opacar a quien es la Luz verdadera.

"Nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios" (2 Cor, 13,15) Un pecado en el que podemos caer como comunicadores es la falta de humildad. "Aparecer" en un medio nos pone en un lugar destacado. No siempre estamos preparados para esta exposición pública. Por ello, la humildad modera el apetito que tenemos de la propia excelencia, contrarresta la soberbia, el orgullo, la vanidad. Si no somos concientes, como Juan el bautista, de que sólo somos la voz de quien es la Palabra, nos enceguecerán los aplausos y halagos que a menudo recibimos de nuestros interlocutores. Es verdad que alienta nuestra tarea el saber que nuestros receptores reciben nuestro mensaje con agrado, pero siempre estará el riesgo de querer "aparecer". Allí sería infecundo nuestro apostolado y quedaría trunca la evangelización, pues apareceríamos nosotros y no Jesucristo, corriendo incluso el riesgo de acomodar el Mensaje para "quedar bien" con quienes nos escuchan o leen.

Pablo nos da el ejemplo: "Cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y de Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación presuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios" (1 Cor 2, 1-5)

Esta reflexión nos hace deducir que sólo los Santos evangelizan, pues el verdadero anuncio ha de realizarse con la palabra y el ejemplo. Pensar en nuestra identidad como comunicadores católicos es pensar en nuestro singular camino de santidad, que San Pablo nos traza en un texto que es verdadero programa de vida para el comunicador católico: "Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con lo que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. No devuelvan a nadie mal por mal. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien" (Rom 12, 14-18.21)

Este es el camino de la conversión constante en el cual debemos estar. El comunicador católico es un ser "animado por el Espíritu" (cfr. Rom 8,9) que no tiene como modelo a este mundo... sino que vive transformándose interiormente renovando su mentalidad para poder discernir cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto (crf. Rom 12,2). Por ello debe examinarse para comprobar si está en la verdadera fe, poniéndose a prueba seriamente (cfr. 2 Cor. 13,5). Y lanzarse decididamente hacia la meta para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios nos ha hecho en Cristo Jesús (Flp. 3,12-16)
Nuestra misión será pues, una necesidad: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1 Cor 9,16), aunque a causa de ella tengamos que sufrir burla, incomprensión, persecución o la misma muerte. Paradójicamente éstos fueron los motivos que tuvo Pablo de gloriarse: "...¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como un necio: yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con frecuencia estuve al borde la muerte, cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. En mis innumerables viajes, pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligro de parte de mis compatriotas (...), cansancio y hastío, muchas noches en vela, hambre y sed, frecuentes ayunos, frío y desnudez (...). Si hay que gloriarse en algo, yo me gloriaré de mi debilidad" (cfr. 2 Cor 11,23-30).

Pero todo esto, no admite para Pablo el menor desaliento: "Si nuestro Evangelio todavía resulta impenetrable, lo es sólo para aquellos que se pierden, para los incrédulos, a quienes el dios de este mundo les ha enceguecido el entendimiento. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor, y nosotros no somos más que servidores...Porque el mismo Dios que dijo: ‘Brilla la luz en medio de las tinieblas', es el que hizo brillar su luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo" (2 Cor4, 3-6).

Esta profecía de esperanza debe arder en el corazón del comunicador y no callarla. Ante el desasosiego que generan tantos males presentes en el mundo, no podemos callar la Buena Noticia que ha cautivado nuestra vida... Pero, como este gozoso anuncio es combatido por las calamidades que anuncian sólo destrucción y muerte, debemos vestir las armaduras del cristiano, para continuar nuestra tarea con entusiasmo, convicción y alegría.

"Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.

Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo por propagar la Buena Noticia de la paz. Ten gan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios" (Ef. 4,10-17).-

jueves, 6 de octubre de 2011

Mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Misiones 2011 (oct. 23)


Queridos hermanos y hermanas:

“Con ocasión del Jubileo del año 2000, el Venerable Juan Pablo II, al comienzo de un nuevo milenio de la era cristiana, confirmó con fuerza la necesidad de renovar el celo por llevar a todos el anuncio del Evangelio «con el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos» (Carta ap. Novo millennio ineunte, 58). Es el servicio más precioso que la Iglesia puede ofrecer a la humanidad y a cada persona que busca las razones profundas para vivir en plenitud la propia existencia. Por eso, esa misma invitación resuena cada año en la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones. Efectivamente, el incansable anuncio del Evangelio vivifica también a la Iglesia, su fervor, su espíritu apostólico; renueva sus métodos pastorales para que cada vez sean más apropiados para las nuevas situaciones —incluso aquellas que requieren una nueva evangelización— y estén animados por el impulso misionero: «La misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal» (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 2).

Id y anunciad

Este objetivo se refuerza continuamente por la celebración de la liturgia, especialmente de la Eucaristía, que se concluye siempre evocando el mandato de Jesús resucitado a los Apóstoles: “Id...” (Mt 28,19). La liturgia es siempre una llamada ‘del mundo’ y un nuevo envío ‘al mundo’ para ser testigos de lo que se ha experimentado: la fuerza salvífica de la Palabra de Dios, la fuerza salvífica del Misterio Pascual de Cristo. Todos los que han encontrado al Señor resucitado han sentido la necesidad de anunciarlo a los otros, como hicieron los dos discípulos de Emaús. Estos, después de haber reconocido al Señor al partir el pan, «levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once» y refirieron lo que les había sucedido por el camino (Lc 24,33-34). El Papa Juan Pablo II exhortaba a estar “vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: ¡Hemos visto al Señor!”.

A todos

Destinatarios del anuncio del Evangelio son todos los pueblos. La Iglesia, «es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo según el plan de Dios Padre» (CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes, 2). Esta es «la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Consiguientemente, nunca puede encerrarse en sí misma. Se enraíza en determinados lugares para ir más allá. Su acción, adhiriéndose a la palabra de Cristo y bajo la influencia de su gracia y de su caridad, se hace plenamente y actualmente presente a todos los hombres y a todos los pueblos para conducirles a la fe en Cristo (cfr Ad gentes, 5). Esta tarea no ha perdido su urgencia. Al contrario, «la misión de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse… una mirada global a la humanidad demuestra que esta misión se halla todavía en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio» (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 1). No podemos quedarnos tranquilos si pensamos que, después de dos mil años, todavía existen pueblos que no conocen a Cristo y que todavía no han escuchado su mensaje de salvación. No solo eso, sino que se amplía el número de quienes, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y ya no se reconocen en la Iglesia; y muchos ambientes, incluso en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy renuentes a abrirse a la palabra de la fe. Se está dando un cambio cultural, alimentado también por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante; un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evangélico, como si Dios no existiera, y que exaltan la búsqueda del bienestar, de la ganancia fácil, del logro profesional y del éxito como finalidad de la vida, incluso en menoscabo de los valores morales.

Corresponsabilidad de todos

La misión universal implica a todos, a todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino que es un don que hay que compartir, una buena noticia que hay que comunicar. Y este don-compromiso le es confiado no solamente a algunos, sino a todos los bautizados, los cuales son «un linaje elegido, …nación santa, un pueblo adquirido por Dios» (1 Pe 2,9) para que proclame sus obras maravillosas. Están implicadas en ello también todas las actividades. La atención y la colaboración con la actividad evangelizadora de la Iglesia en el mundo no pueden limitarse a algunos momentos y ocasiones particulares, ni tampoco se pueden considerar como una más entre otras actividades pastorales: la dimensión misionera de la Iglesia es esencial, por lo que hay que tenerla siempre presente. Es importante que tanto cada bautizado como las comunidades eclesiales se interesen en la misión no de manera esporádica y ocasional, sino de manera constante, como forma de la vida cristiana. La misma Jornada Mundial de las Misiones no es un momento aislado en el curso del año, sino que es una ocasión preciosa para pararse a pensar si respondemos y cómo respondemos a la vocación misionera; una respuesta esencial para la vida de la Iglesia.

Evangelización global

La evangelización es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animación misionera ha prestado siempre una atención particular a la solidaridad. Este es también uno de los objetivos de la Jornada Mundial de las Misiones, que, a través de las Obras Misionales Pontificias, solicita la colaboración para llevar a cabo las tareas de evangelización en los territorios de misión. Se trata de sostener instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y de dar también nuestra propia aportación para que mejoren las condiciones de vida de las personas en países en los que son más graves los fenómenos de pobreza, malnutrición, sobre todo infantil, enfermedades, ausencia de servicios de salud y de educación. También esto entra en la misión de la Iglesia. Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno. No se pude aceptar, decía el Siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelización se descuiden los aspectos que se refieren a la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión, evidentemente dentro del respeto a la autonomía del ámbito político. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significaría «ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 31.34); no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús, el cual “recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia” (Mt 9,35).

Así, por medio de la participación responsable en la misión de la Iglesia, el cristiano llega a ser constructor de la comunión, de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado y colabora en la realización del proyecto salvífico de Dios para toda la humanidad. Los desafíos que esta encuentra llaman a los cristianos a caminar con los demás, y la misión es parte integrante de este camino con todos. En ella llevamos, si bien en vasijas de barro, nuestra vocación cristiana, el tesoro inestimable del Evangelio, el testimonio vivo de Jesús muerto y resucitado, encontrado y creído en la Iglesia.

Que la Jornada Mundial de las Misiones renueve en cada uno el deseo y la alegría de “ir” al encuentro de la humanidad llevando a todos a Cristo. En su nombre os imparto de corazón la Bendición apostólica, en particular a los que más trabajan y sufren por el Evangelio.

Momentos del Concierto de la Orquesta Sinfónica de la Escuela Nacional de Música-UNAM en Catedral

Se pudo apreciar la extraordinaria ejecución de la Orquesta Sinfónica teniendo como solista a la Srita. Cynthia Sánchez (Soprano) y como Director huésped al Maestro David Eduardo Rocha. ¡Gracias!
Puedes VER VIDEO de una parte del evento.

Mons. Ruy Rendón (centro) con Sra. Florinda Pérez (izq.) Presidenta del Festival de Otoño y el Padre Margarito Salazar (der.) párroco de Catedral de Matamoros.
¡Juventud hecha voz! extraordinaria interpretación de la soprano.
Orquesta Sinfónica en su esplendor.
Público que llenó las naves de Catedral.
La Orquesta bajo la guía magistral de su Director.

Consejos de Santo Tomás de Aquino sobre el modo de estudiar

Un joven dominico de nombre Juan, deseoso de adquirir los tesoros del conocimiento, escribió a Santo Tomás pidiéndole que le indicase cuál es el camino más rápido para adentrarse al "océano de la Sabiduría". Este breve escrito del Aquinate dirigido a Fray Juan, refleja cómo el santo poseía una alta comprensión del estudio, y cómo la búsqueda del saber debe ser acompañada por una profunda vida interior. Tales consejos fueron proferidos hace casi ocho siglos.

La actualidad de estos consejos es partente, pues tal vez la humanidad nunca necesitó tanto de ser "conducida a la bodega del vino de la sabiduría" como en estos tiempos.

De Modo Studendi (Carta de Santo Tomás de Aquino a Fray Juan)

Ya que me pediste, fray Juan -hermano, para mí, queridísimo en Cristo-, que te indicase el modo de cómo se debe proceder para ir adquiriendo el tesoro del conocimiento, debo darte la siguiente indicación: debes optar por los riachuelos y no por entrar inmediatamente al mar, pues lo difícil debe ser alcanzado a partir de lo fácil. Y, así, he aquí lo que te aconsejo sobre cómo debe ser tu vida:

1. Te exhorto a ser tardío para hablar y lento para ir al locutorio.
2. Abraza la pureza de consciencia.
3. No dejes de aplicarte a la oración.
4. Ama frecuentar tu celda, si quieres ser conducido a la bodega del vino de la sabiduría.
5. Muéstrate amable con todos, o, por lo menos, esfuérzate en este sentido; pero, con nadie permitas exceso de familiaridades, pues la excesiva familiaridad produce el desprecio y suscita ocasiones de atraso en el estudio.
6. No te metas en cuestiones y dichos mundanos.
7. Evita, sobre todo, la dispersión intelectual.
8. No descuides el seguimiento del ejemplo de los hombres santos y honrados.
9. No mires a quien dijo, sino lo que es dicho con razón y esto, confíalo a la memoria.
10. Busca entender lo que lees y certifica de lo que es dudoso.
11. Esfuérzate por abastecer el depósito de tu mente, como quien anhela llenar al máximo posible un cántaro.
12. No busques lo que está por encima de tu alcance.
13. Sigue las huellas de aquel santo Domingo que, mientras tuvo vida, produjo hojas, flores y frutos en la viña del Señor de los ejércitos.

Si sigues estos consejos, podrás alcanzar lo que quieres.

sábado, 1 de octubre de 2011

Twitter: de experiencia literaria a twitteratura religiosa

Jorge Enrique Mújica

¿Es posible la literatura en Twitter? Si al binomio «literatura-Twitter» se asocia la imagen de un libro la respuesta apuntaría a un «no» rotundo. La «Real Academia de la Lengua Española», sin embargo, define la literatura con dos acepciones: 1) arte que emplea como modo de expresión un lenguaje y 2) conjunto de producciones literarias de una nación, época o género literario. La primera apunta a la técnica y la segunda a un producto o resultado. ¿Es entonces posible hablar de una «twitteratura»?

El lanzamiento de Twitter en marzo de 2006 supuso la aparición de una nueva modalidad de comunicación que ha llegado a convertirse en un masivo fenómeno social aprovechado tanto por figuras del espectáculo, la política y el deporte, como por ciudadanos comunes, marcas y empresas.

La dinámica funcional de Twitter es sencilla: permite a una persona enviar desde su teléfono o computadora mensajes de texto –conocidos como «tweets»– no superiores a 140 caracteres. Esos mensajes llegan inmediatamente a quienes han elegido seguir a la persona, marca o empresa en cuestión –sus «followers», según el argot propio–. La serie de «tweets», además, va quedando almacenada cronológicamente de modo que en la inmensa mayoría de los perfiles de usuarios es posible consultarla, como sucede con los blogs.

A la base de Twitter está una pregunta: «¿Qué estás haciendo?». Esa interrogante que detona la actividad en Twitter (la traducción al castellano del nombre de esta red social equivale al verbo «piar», de ahí la imagen del pajarito, que es su logotipo) logra hacer partícipes a los demás de la propia vida, una vida que es comunicada empleando como modo de expresión el lenguaje escrito y que, en ese sentido, en cuanto lenguaje, entra en la clasificación de géneros literarios, aunque ahora mediante un canal distinto al libro impreso.

Si hasta ahora el libro, ya en su formato digital, ya en sus ediciones impresas, había supuesto el medio por el cual la «palabra» venía comunicada, Twitter supone una nueva  plataforma de difusión lingüística.

Muchas de las cosas que decimos entran en menos de 140 caracteres: «me gusta», «se me antoja», «es bonito», «se te ve mal», «está pasado de moda», «no me lo puedo creer», etc. Titulares de periódicos, nombres de películas, novelas o eslóganes comerciales también entran en el corsé de los 140 caracteres. «¿Pero es esto literatura?», se podría objetar. Muchas de esos «tweets» ni siquiera están bien redactados…

Es cierto que no todo lo que circula por Twitter es un modelo de ortografía o sintaxis, pero también es verdad que la exigencia práctica de los 140 caracteres le ha convertido en un «sacapuntas del pensamiento», en el arte de la extrema síntesis, que como tal precisa de una expresividad más bien lacónica y de no poco ingenio por cuanto toca a la construcción gramatical de las ideas. En este sentido, un «tweet» –o el condensado cronológico– está ciertamente lejos de un género literario como la novela, la poesía o el ensayo, pero resulta muy próximo a otros estilos como las máximas, los aforismos, los axiomas, las paremias, el refranero, los adagios, la sentencia, el proverbio, los apotegmas e incluso los titulares periodísticos que precisan de un pensamiento más agudo y meticuloso. Considerados en su conjunto, en algunos casos la serie de «tweets» también pueden asemejarse a un «diario» en perfecta sintonía con la narrativa literaria propia de ese género.

Por otra parte, Twitter ha supuesto un nuevo interés por la lectura. Posiblemente nunca antes se había leído tanto (aunque sean cápsulas de pensamientos, ideas y opiniones) y en todas partes, ni se había concedido un valor añadido al lenguaje y a la necesidad de alfabetización básica para una participación al menos pasiva en esa u otras redes sociales.

Sin entrar en méritos morales o literarios, fueron precisamente las frases cortas las que permitieron a autores como Nietzsche o Schopenhauer difundir grandemente su pensamiento. Pero no hay que remontarse a autores del pasado para aludir a ese tipo de paremias; escritores actuales tiene  perfiles oficiales o semioficiales en Twitter, algunos más o menos activos. Es el caso de británica J.K Rowling, la chilena Isabel Allende, el brasileño Paolo Coelho, el italiano Umberto Eco, la mexicana Elena Poniatowska, el colombiano Gabriel García Márquez, o los premios Nobel de literatura Herta Müller, Dario Fo, José Saramago o Mario Vargas Llosa, etc.

Ciertamente no hay que remontarse a grandes nombres de autores para encontrar iniciativas literarias en Twitter. Bastaría colocar en el buscador interno la palabra «literatura» para conocer y acceder a la cuentas de instituciones que la promueven o que ofrecen servicios como el envío diario de «tweets» con frases y citas de las más variadas áreas del saber humano: de la filosofía a la matemática, de la biología a la astronomía, de la medicina a la moral, de citas de libros a originales frases inventadas.

«Twitteratura» religiosa

Quien conoce la Biblia recuerda que algunos de sus libros, por ejemplo «Los salmos», «Lamentaciones», «Job», «Proverbios», «Sabiduría» o «Eclesiástico», están compuestos por versículos que suelen rondar los 140 caracteres. En los Evangelios y las cartas neo testamentarias no son pocas las así llamadas «máximas evangélicas» que entran también dentro de la camisa de los 140 caracteres.

Esa feliz coincidencia ha llevado a no pocas personas a promover otra forma de «twitteratura», la «twitteratura religiosa», que consiste en el envío diario de frases escogidas de la Sagrada Escritura.

En esa misma dirección han ido otros proyectos que se amplían al envío de citas de santos, del Magisterio de la Iglesia, de obispos –empezando por el Papa– o de la propia cosecha reflexiva convertida en pensamientos en el ámbito de la espiritualidad y de la fe cristiana. Hay quienes destinan los 140 caracteres de sus «tweets» al envío de un género propio de la literatura religiosa: las jaculatorias.

En el vocabulario propio de Twitter se ha llegado a hablar de «twitness» (neologismo a partir de la palabra inglesa «witness») para referirse al testimonio confesional de muchos usuarios de los más variados países y en diferentes lenguas.

Si Twitter fuese únicamente un espacio donde el lengua escrito –tecleado digitalmente– fuera la exclusiva posibilidad de intercomunicación, resultaría evidente que una experiencia literaria ahí es posible: Twitter supondría un nuevo soporte literario, una plataforma más, un nivel ulterior, equivalente, a fin de cuentas, al libro tradicional; Twitter, en definitiva, no habría sustituido el escenario anterior aunque sí lo habría redefinido, «obligándolo» a resituarse.

Pero el invento de Evan Williams, Biz Stone y Jack Dorsey abarca otras formas de lenguaje a partir de enlaces (hipervínculos a videos, audios e imágenes) y esto supone un reparo: en esta nueva etapa de la evolución tecnológica, ¿es aún posible hablar de experiencia literaria? En el ámbito de la fe cristiana implica un nivel todavía más profundo dado que «su literatura» específica tiene un cariz evangelizador, de anuncio y de conversión; es mucho más que mera literatura, es testimonio (que por otra parte está recogido, hasta este momento, sobre todo en lenguaje escrito).

El lenguaje propio de Twitter, más o menos análogo al de otras redes sociales como Facebook, Google+, Tumblr o Flickr, privilegia la imagen y las conexiones o enlaces, planteando «nuevos desafíos a nuestra capacidad de hablar y escuchar un lenguaje simbólico que hable de la trascendencia» (cf. Benedicto XVI, «Discurso al Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales con motivo de su asamblea plenaria», 28 de febrero de 2011).

Si la literatura, también la católica, implica necesariamente un lenguaje y en el actual de la web se da de hecho uno «nuevo» que no queda circunscrito al lenguaje escrito, ¿es aún posible hablar de «twitteratura» y, más específicamente, de ««twitteratura religiosa»?

En el contexto cultural presente la respuesta apunta a un sí. La literatura, producto cultural a fin de cuentas, estaría inmersa en esta transformación propiciada por internet en general y Twitter en particular. El tipo de «twitteratura», entonces, debería ser ahora entendida en «sentido general, no sólo verbal»; como un lenguaje novedoso que determina «una capacidad más intuitiva y emotiva que analítica, orienta hacia una organización lógica del pensamiento y de la relación con la realidad, privilegiando a menudo la imagen y las conexiones hipertextuales» (cf. Benedicto XVI, «Discurso al Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales con motivo de su asamblea plenaria», 28 de febrero de 2011).

La «twitteratura religiosa» remite a una nueva forma de inculturación del Evangelio, como explicó el Papa Benedicto XVI en su discurso a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura y que precisamente abordó el tema de la «Cultura de la comunicación y nuevos lenguajes»: «También en la cultura tecnológica actual –decía el Papa el 13 de noviembre de 2010–, es el paradigma permanente de la inculturación del Evangelio el que hace de guía, purificando, sanando y elevando los mejores elementos de los nuevos lenguajes y de las nuevas formas de comunicación».

A continuación, en el mismo discurso, el Papa ofrece de modo original una vía de armonización y respuesta por parte de la fe cristiana a los retos de la comunicación digital actual, a la vez que señala algunas puntos de trabajo pendientes: «Para esta tarea, difícil y fascinante, la Iglesia puede acudir al extraordinario patrimonio de símbolos e imágenes, ritos y gestos de su tradición. En particular, el rico y denso simbolismo de la liturgia debe resplandecer en toda su fuerza como elemento comunicativo, hasta tocar profundamente la conciencia humana, el corazón y el intelecto».

La «twitteratura», también la religiosa, supone, pues, la inclusión del lenguaje audiovisual. De esta forma las «producciones literarias» ahí posibles quedan ampliadas, enriquecen, precisando de un arte o técnica propia para ser compartidas. Es un nuevo modo de entender la literatura ya no nada más como técnica o producto, sino a partir del «lenguaje» en un sentido más amplio.

En el caso de la fe hay todavía un nivel ulterior. Como decía el Papa en el discursos a los participantes en la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, del 28 de febrero de 2011, «No se trata solamente de expresar el mensaje evangélico en el lenguaje de hoy, sino que hay que tener el valor de pensar de modo más profundo, como ha sucedido en otras épocas, la relación entre la fe, la vida de la Iglesia y los cambios que el hombre está viviendo. Es el compromiso de ayudar a cuantos tienen responsabilidad en la Iglesia a ser capaces de entender, interpretar y hablar el “nuevo lenguaje” de los media en función pastoral, en diálogo con el mundo contemporáneo, preguntándose: ¿qué desafíos plantea a la fe y a la teología el llamado “pensamiento digital”? ¿Qué preguntas y requisitos?».

La «twitteratura religiosa» se convierte entonces en pastoral, en «Evangelio digital» que antes debe ser entendido para luego ser interpretado y compartido.

Siendo la literatura obra humana y, en cuanto tal, canal por el que las propias convicciones y anhelos quedan manifestados, es comprensible que la «twitteratura religiosa», concretamente la católica, precise además de la sintonía perfecta con el Magisterio, la vida de unión con Dios, la transparencia de las acciones y la pasión gloriosa de la caridad en la única vida real posible que es la de quien tiene frente a sí un dispositivo mediante el cual quedan recogidos sus 140 caracteres.

Breves, muy breves...

¿SABIAS QUE.....??

El Padre Gerardo Shanley, SSCC, párroco de San Felipe de Jesús en Reynosa, Tamaulipas celebró sus 50 años de vida sacerdotal. El es de Irlanda del Norte y tiene muchos años en la Diócesis sirviendo en comunidades de mayor pobreza. Fué ordenado un 25 de junio de 1961 en Cavan, Irlanda.¡Felicidades!

El actual Rector del Seminario de Matamoros es el Pbro. Santiago Enríquez Rangel. Estudió
en Matamoros, Monterrey y México, DF. Es Licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia de México. Tiene 21 años de sacerdote y nació un 25 de julio de 1962, en Salamanca, Guanajuato.

El Arcángel San Rafael, es el patrono de los pescadores y lo celebran en el Centro Pesquero de Carboneras, Mpio. de San Fernando, y el día 29 de septiembre más de 100 lanchas adornadas con flores realizan un recorrido con el Arcángel en el mar. En este año, está invitado Mons. Ruy Rendón para presidir la celebración de la Santa Misa.