jueves, 22 de diciembre de 2011

MENSAJE DE NAVIDAD 2011

A toda la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Matamoros, ¡Paz y bien!

Muy queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Navidad que celebramos cada año es una magnífica ocasión para acrecentar en nosotros las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. Cada una de estas virtudes tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino.

El nacimiento del Redentor en el portal de Belén acrecienta, sin duda, nuestra fe en este Dios que por amor nos ha dado a su Hijo Jesucristo como el Salvador de toda la humanidad; así lo expresa el apóstol san Juan: “porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Esta salvación Cristo la lleva a cabo por medio de una vida de entrega que culmina con su pasión, muerte y resurrección. Contemplemos en esta Navidad al Dios con nosotros, al Emmanuel; adorémoslo como el Dios hecho hombre que, indefenso como un niño, nos expresa, con ternura e inocencia, su infinito amor por cada uno de nosotros.

Las promesas que Dios nos ha dado por medio de Jesucristo, deberán suscitar en nuestros corazones una gran esperanza. Nos afligen, es cierto, situaciones de tristeza y dolor, no vemos con claridad la solución a la maldad que reina en el mundo; la inseguridad y los hechos delictivos rompen constantemente el tejido social. Sin embargo, en cada Navidad vuelve aparecer un rayo de esperanza a nuestro alrededor, ya que la llegada del Salvador trae consigo la alegría y la paz a los hombres de buena voluntad (cfr. Lc 2,14). Tengamos una firme esperanza que Jesús, el recién nacido, arrancará el velo de lágrimas y oprobio que cubre el rostro de todos los pueblos, el velo que cubre a todas las naciones (cfr. Is 25,6-9). El bien triunfará sobre el mal, tengamos la esperanza de que Jesús reine, tarde o temprano, como el verdadero Príncipe de la paz.

La celebración de Navidad, por otra parte, deberá aumentar nuestro amor a Dios y al prójimo. Recordemos que Dios es amor y que el mensaje que Jesús vino a traer al mundo se centra, fundamentalmente, en el mandamiento del amor. Por ello, como un buen compromiso de estas fiestas, hagamos realidad el precepto del amor, pongamos en práctica el resumen del decálogo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10,27). Si favorecemos en la familia y en cada espacio de convivencia humana un ambiente de amor, de manera particular entre los más pobres, el deseo de felicidad que expresamos en estas fechas, será una realidad a lo largo de todo el año. Que María, la Virgen Madre, ilumine nuestra fe, aliente nuestra esperanza e inflame nuestra caridad. Así sea.

Con mis mejores deseos para todos.

¡FELIZ NAVIDAD
Y UN AÑO NUEVO 2012
PLENO DE PAZ Y DEL AMOR DE DIOS!

Mons. Ruy Rendón Leal
Obispo de Matamoros

viernes, 9 de diciembre de 2011

La palabra, ¿fuerte o débil?

Fernando Pascual

Gorgias, en el siglo V a.C., estaba convencido de la fuerza de la palabra. Con ella nacen los discursos. Y con los discursos los oyentes y lectores ríen o lloran, aprenden a apreciar a alguien o a despreciarlo.
Con las palabras, añadía aquel sofista griego, es posible convencer a los jueces de la inocencia de un acusado, y a los pocos minutos de su culpabilidad.

Si reflexionamos sobre esta idea, descubrimos por un lado el enorme poder de la palabra. Porque con ella, usada de modo hábil, es posible hacer pasar al culpable por inocente, al inocente por culpable. Es posible presentar una guerra injusta como un beneficio para todos, o una guerra justa como un acto irresponsable. Es posible defender los valores auténticos o denigrarlos como si fueran banderas superadas del pasado.

Sin embargo, la palabra no es tan potente como pensaba Gorgias o como piensan los grandes promotores de libros y de prensa, de Internet y de radio, de televisiones y de publicidad.
En primer lugar, porque existen muchos discursos en circulación, con ideas muy diferentes. Lo que uno defiende choca frente a lo que defienden otros. A veces el mejor orador queda difuminado ante el ruido estruendoso de miles de comentarios, blogs, periódicos, que gritan palabras contrapuestas, confusas, a veces incomprensibles, otras claras, otras llenas de sofismas amables y engañosos, otras argumentadas de modo honesto y preciso.

En segundo lugar, porque la gente no escucha ni lee con una mente en blanco. Es cierto que la mentira repetida un millón de veces entra en muchos corazones y se convierte para muchos en un dogma asumido como una especie de mantra. Pero también es cierto que otros saben resistir a las mentiras, simplemente porque tienen sentido común, porque la experiencias les ha enseñado las mil falsedades ocultas en un “se dice”, porque piensan y razonan de modo prudente y claro.

Por desgracia, hay que reconocer también que una verdad repetida un millón de veces no es capaz de abrir los ojos a quien está encadenado a un prejuicio, a un odio, a un modo de ver las cosas que le paraliza en lo que él considera como irrenunciable. También las verdades, dichas con palabras, encuentran muros insuperables.

En tercer lugar, las palabras aparecen desde personas concretas que piensan y luego hablan (aunque no falta quien habla y luego piensa). Muchas de esas personas no tienen ideas claras sobre lo que opinan. Otras están confundidas, o son nerviosas, o tienen miedo a los oyentes. Al final, una idea magnífica empieza a ser dicha o escrita con un ropaje frágil, con palabras temblorosas, que a veces impiden ver la belleza de un contenido por culpa de la pobreza expresiva de un ser humano frágil y poco diestro en el arte de la comunicación.

Las palabras encierran un misterio que afecta tanto a quienes hablan como a quienes escuchan. Los mismos griegos, el sofista Gorgias y el filósofo Platón, las presentaban como un “fármaco”, es decir, como una especie de medicina que puede servir tanto para curar como para matar.

Tomar conciencia de la fuerza y de la debilidad de las palabras permite, si uno adopta la postura adecuada, poner en marcha un trabajo sereno y constante que lleve a desterrar mentiras, a buscar verdades, y a encontrar aquellos caminos comunicativos que permitan, en la medida de los límites humanos, hacer llegar a otros tesoros de saber que enriquecen a quienes los ofrecen desde la alegría de quienes los acogen, con la ayuda de palabras frágiles pero, al menos, verdaderas.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Mons. Ruy Rendón envía una circular a todos los fieles para comunicar que los días 17 y 18 de diciembre se colectará para el Diezmo diocesano, "para unirnos, en la solidaridad y la generosidad de los corazones, en la gran actividad diocesana del Diezmo 2011-2012, con el cual se contribuye sobremanera a la propagación del mensaje de Dios, a fin de que éste se siga difundiendo en cada rincón de nuestra querida Diócesis de Matamoros".

http://www.diocesisdematamoros.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1134:mi-diezmo-para-la-iglesia&catid=37:circulares-y-comunicados&Itemid=54