miércoles, 2 de octubre de 2013

Religión, diplomacia y paz

Jorge E. Traslosheros
Profesor titular del IIH UNAM


Se dice que la guerra es la política por otros medios. Mentira. Es su fracaso y el naufragio de la razón. La política bien entendida puede ser una de las expresiones más altas de la caridad, como dijo el Papa a los políticos brasileños. Lo que sucede en Siria lo confirma. La diplomacia ha sido capaz de abrir una oportunidad a la paz.

Este ha sido el cometido histórico del aparato diplomático de la Iglesia, con especial acento desde finales del siglo XIX. En los últimos diez años su acción se ha desplegado con vigor en Medio Oriente. El esfuerzo de Juan Pablo II contra la invasión de Irak en 1993, encontró las voces razonables de la región desarticuladas. Entonces, Benedicto XVI se dedicó a tejer una red ecuménica, diplomática e interreligiosa que les diera presencia. Ahora, observamos a Francisco operarla con maestría.

La voz del Papa se ha escuchado con fuerza, a pesar del intento de los medios occidentales por acallarla, porque expresa el pensamiento de diferentes líderes religiosos que han realizado un diagnóstico preciso sobre las consecuencias de una intervención militar del “policía del mundo”. Si el árbol de Siria arde, se incendiará el bosque del Medio Oriente para regocijo de los violentos.

Con la autoridad de ser el intérprete de tantas voces, Francisco llamó a la jornada de oración por la paz, ha movilizado la diplomacia de la Santa Sede, se ha sumado a la iniciativa del rey de Jordania para celebrar una conferencia sobre los cristianos de Medio Oriente y ha convocado a un encuentro con líderes de distintas religiones en el Vaticano como preámbulo de su viaje a Asís.

Con la misma autoridad escribió al G-20 reunido en Rusia y se ha dirigido a la comunidad internacional para delinear un camino rumbo a la paz en Siria, que contemple cuatro elementos básicos. Respeto incondicional a la vida “desde los más ancianos a los niños que están todavía en el seno materno”; libertad de religión para crear armonía en una sociedad multirreligiosa; atención inmediata a la emergencia humanitaria, por cierto tan olvidada por Obama y otros líderes “democráticos” y; con apego al Derecho internacional, convocar a un gran acuerdo para Siria que goce del apoyo efectivo de la ONU y países involucrados. Sentido común destilado, en cuya lógica nadie pierde. Dios es razón y habita en lo razonable.

Vladimir Putin, quien no es santo y tiene intereses geopolíticos fuertes, en carta dirigida a los norteamericanos, se sumó explícitamente al diagnóstico e iniciativa del Papa y demás líderes religiosos, además de invitar a Obama a evitar una acción militar unilateral, pues sus bombas no sólo causarían grave daño a la paz, también derrumbarían los mecanismos para la solución de conflictos con que cuenta la comunidad internacional, los cuales requieren ser fortalecidos, no dinamitados.

Ya es hora de que la cultura dominante en Occidente abandone su pleito mortal contra la razón y deje de engañarse con la ilusión de que lucha contra la religión. Los hechos son contundentes. La religión es una voz autorizada de la razón, y la razón es su mejor intérprete así en Medio Oriente, como en cualquier lugar y tiempo.

Me decía un agnóstico y entrañable amigo que la oración es tiempo perdido. Los hechos señalan otra cosa. La oración es el momento en que la razón se llena de esperanza, para emprender acciones en la caridad. En este caso, en la política.