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Mostrando entradas de noviembre, 2018

XXXIII Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

Una señora se quejaba con una amiga de que su hijo adolescente era muy atarantado. “El mío es peor –dijo la otra–, y te lo voy a demostrar”. Lo llamó y le dijo: “¡Rápido!, ve a casa a ver si estoy”. Y el muchacho salió corriendo. “El mío es peor –dijo la señora–, y ahora lo verás”. Lo llamó y le dijo: “¡Pronto!, toma dos pesos y ve a comprarme un coche”. Y el chico salió a toda prisa. “¡Son realmente atarantados!”, concluyeron ambas. Pero por el camino los chavos se encontraron, y uno le dijo al otro: “Mi mamá es muy atarantada; me mandó a casa a ver si estaba ¡Y no me dio las llaves!”. “La mía es peor –comentó el otro–; me dio dos pesos para comprar un coche ¡Y no me dijo qué modelo!”

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II Jornada Mundial de los Pobres / 18 noviembre

«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7). Las palabras del salmista las hacemos nuestras desde el momento en el que también nosotros estamos llamados a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en la que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien ha escrito esas palabras no es ajeno a esta condición, sino más bien al contrario. Él ha experimentado directamente la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo nos permite también hoy a nosotros, rodeados de tantas formas de pobreza, comprender quiénes son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

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Cuarto Retiro de Sanación Interior en Cd. Camargo, Tamaulipas

Mensaje del Santo Padre al Foro Social Mundial de las Migraciones

Queridos hermanos y hermanas: Agradezco la invitación extendida por los organizadores del Foro Social Mundial de las Migraciones, a dirigirles algunas palabras de aliento al comienzo de las sesiones de trabajo. 
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XXXI Domingo Ordinario, ciclo B, 2018

Hace unos días recordamos de forma especial a nuestros difuntos. Así, de alguna manera pensamos en la muerte, frente a la cual hacemos todo lo posible por prolongar la vida ¿Por qué? Porque instintivamente sentimos que estamos hechos para vivir. Y así es; Dios nos creó para que viviéramos por siempre. Sin embargo, desconfiamos de él y pecamos, con lo que abrimos las puertas del mundo al mal y la muerte.

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